Nueva BrechaEl Foro Global para la Investigación Sanitaria afirma que las enfermedades que afectan al 90% de la población mundial solo reciben el 10% de los recursos destinados a la investigación sanitaria.

¿Por qué? Una de las razones es que, según el experto en filosofía política y profesor de la prestigiosa universidad de Columbia de Nueva York, Thomas Pogge, “las farmacéuticas atacan las enfermedades de manera equivocada.”

Pogge ha afirmó en una clase magistral impartida en la Universidad Pompeu Fabra que la industria farmacéutica solo se interesa en tratar los síntomas de las enfermedades, en lugar de centrarse en su prevención o cura. “El paciente perfecto es aquel que nunca muere y nunca se cura”, ha explicado el filósofo.

Los países pobres, en cambio, no pueden ni tratar sus síntomas debido al alto precio de los medicamentos. “Los laboratorios se resisten a segregar los precios de sus medicamentos (estipular un precio en cada país según su poder adquisitivo) porque temen que los países pobres acaben exportando las medicinas a los países ricos y estas se vendan más baratas”, ha declarado Pogge.
Pogge, cuya filosofía se articula alrededor del concepto de justicia global, es decir, del repartimiento equitativo de los bienes, ha explicado que la Organización Mundial del Comercio (OMC) tiene prevista la falta de poder adquisitivo de los países pobres mediante las licencias compulsorias.
La licencia compulsoria permite que el gobierno de un estado obligue al propietario de una patente a conceder su uso a cambio de royalties (pagos en concepto de derechos de autor).
pobrezaA principios de mayo de 2007, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, decidió otorgar la denominada licencia compulsoria al medicamento contra el sida Efavirenz, producido por el laboratorio Merck y protegido por patente, de manera que pueda producirse en el país o ser importado en forma de genérico, después de que así lo recomendara el Ministerio de Salud.
Aunque esta medida es totalmente legal, los países que hacen uso de ella son castigados de manera no oficial, ha declarado Pogge. Según el profesor de Columbia, la medida está para que pueda decirse que existe, no para usarla. Pogge ha recordado el caso de Canadà, cuando firmó una licencia compulsoria y la retiró, misteriosamente, al cabo de 48 horas.

Las soluciones que propone Pogge para reducir el número de personas que no pueden medicarse, pasa por cambiar el sistema que hace posible la investigación farmacéutica. Pogge ha explicado lo que para él sería una solución, el Full Pull, en contraposición a los sistemas acutales: el Push y el Pull.
El Push consiste en contratar a un laboratorio para hacer un medicamento en concreto. Su ventaja es que sólo tienes que convencer a un agente. Su mayor inconveniente es que el laboratorio puede engañar fácilmente al gobierno cobrándole más de la cuenta.
El Pull pretende obtener los esfuerzos del laboratorio ofreciendo un premio tan suculento que varios laboratorios se arriesguen a conseguirlo. Su ventaja es que solo los laboratorios realmente capaces se atreverán a perseguir el premio. La desventaja es que el monopolio obtenido a cambio de la invención del medicamento impide que este llegue a los más pobres.
El Full Pull, en cambio, consiste en ofrecer un premio proporcional al impacto global que consiga el medicamento en cuestión, en lugar de dar al laboratorio la posibilidad de tener esa patente durante los próximos 20 años.

Cuando el objetivo es conseguir que el medicamento llegue al mayor número de personas, pues a más impacto global, más dinero para el laboratorio, las compañías que fabrican genéricos dejan de ser un problema para los grandes laboratorios y se convierten en la mejor solución.

 Por Rubén Sanchez. (Desde España)

Dibujo: www.factum.edu.uy/estpol/anaobs/2004/graficos/ano04037a.jpg
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