De los Hipermercados y sus falacias
Argentina continúa experimentando desajustes socio-económicos graves, que distan mucho de la recuperación nacional que se proclama desde las tarimas gubernamentales.
Podemos buscar diferentes causas, pero... ¿existen soluciones?
La convertibilidad, que produjo una relativa estabilidad financiera temporal, culminó afectando directamente el salario de los trabajadores; además del colapso que significó la devaluación;
Las privatizaciones vaciaron gran parte de la economía y con este proceso se extranjerizó hasta la prestación de servicios. Es decir, se vendió a otros hasta nuestra posibilidad de tomar agua. Argentina, de todo el mundo, fue el país que más desnacionalizó su economía en los últimos años. ¿Sabés lo que eso significa?
Estos factores llevaron a la desaparición de incontables emprendimientos regionales; una fuerte desindustrialización y concentración de la riqueza en pocas manos.
En otras palabras, algunas de las consecuencias directas de los malabares políticos que vimos y vemos hoy, son el empobrecimiento y el aumento de la desigualdad. Nada más y nada menos.
Hay una estrofa de uno de los temas contestatarios de la Bersuit que pregunta, a modo de respuesta, “…si esto no es una dictadura, ¿Qué es?”.
En la actualidad, los mecanismos que causan desastres sociales y económicos fueron pulidos, y se están perpetuando a través de nombres, instituciones, ideas centradas solo en el capital y otras invenciones sutiles, que es necesario desmentir.
La inflación palpable e innegable; el aumento de la canasta básica; la suba en las tarifas de los servicios; la reducción de posibilidades concretas de realizar emprendimientos familiares o locales perdurables; la falta de bancas solidarias; precarización laboral –con todo lo que esto es e implica-; son solo algunas de las consecuencias de la economía ultraliberal en la que nos toca sobrevivir.
Si bien es cierto que la economía centralmente planificada ha sido desacreditada; es más que notorio que la economía de mercado es imperfecta y los conflictos causados por ella, como claramente lo podemos ver, se están agudizando.
Por eso no es exagerado afirmar que estamos delante de una dictadura no reconocida. Un régimen de ultraliberalismo que “rige la globalización y la explota en detrimento de la mayoría. Esta dictadura… no aspira a tomar el poder, sino a dirigir a quiénes lo ejercen.”
El modelo internacional basado en la economía de mercado, repite su mensaje fundamental: la necesidad de competir.
No importa cuál es el objeto, todo es reducible a producto (inclusive las personas).
No importa que los productos sean dañinos para la salud. No importa que no se conserve el medio ambiente, lo importante es vender. Lo importante, en la competencia, es ganar. Es “destruir al otro”. Bajarlo.
Se busca la eficiencia para reducir costos, para adelantarse, y no para tratar de hacer las cosas de una manera mejor.
Donde predomina la economía de mercado, se estimulan pensamientos y prácticas individualistas. Hedonistas. Y “este principio, excluye la solidaridad como opción, por que ésta última interfiere en el camino al podio. El prójimo, lejos de ser considerado un compañero de viaje, se percibe inevitablemente como amenaza u obstáculo para conseguir el objetivo deseado.” (2)
Con el emblemático asunto de “Chango Más” en Bariloche, tenemos un caso ejemplificador. Bajo la bandera del “interés por el vecino”, una de las multinacionales más conocidas del mundo, (léase Wal-Mart), sostiene que brindará beneficios económicos a toda la ciudad.
La instalación del mega-mercado, fue un disparador de la opinión pública, que fragmentó la ciudad entre quiénes apoyaban el proyecto y quiénes estaban en contra. Pero en el manejo de la situación se evidenció falta de un verdadero análisis de la problemática.
Argumentos cabales no fueron considerados al momento de debatir el proyecto. Se desvió el foco de atención. La sutil estrategia de Wal-Mart y sus secuaces, dio frutos. Se culminó dividiendo la población, se confundieron los papeles, y se logró avanzar en
la instalación. La principal contradicción pasa por siquiera imaginar que una multinacional (especialmente de la magnitud y los antecedentes de Wal-Mart) trabajaría por el bien del vecino.
Luego se derivó en que Chango Más haría que los demás supermercados redujeran los precios. “Tuvieran su lección”. “La pagaran…” Como si el tinte de venganza pasara por las mentes de los dueños de cualquiera de estas empresas oligopólicas. Son movimientos de poder que dejan, como únicos afectados, a los trabajadores.
Muchos vecinos opinaban, durante el conflicto, que la situación dejaría un fuerte antecedente, ya que quedaba nuevamente marcado la diferencia entre “el Alto” y “el centro”.
Lamentable y obscena manipulación. Allí radicó uno de los puntos que generaron división social. Rotura que trajo como resultado la desviación de la atención en el centro del debate: Que mediante una economía centrada en el mercado, en la competencia, no se solucionan nuestros problemas, sino que se agudizan.
Otro de los slogan utilizados fue que “se generarían puestos de trabajo”. Sin embargo, es un juego de mercado entre poseedores de grandes capitales. Se abre un nuevo hipermercado y se incorporan trabajadores, al tiempo que se despiden otros en empresas que se excusan diciendo que bajaron sus ventas.
Sin mencionar que está documentada la desvalorización de los derechos laborales que sufren los empleados en estas empresas; y sin hablar del impacto demoledor que se genera en las pequeñas economías familiares.
En un contexto de interés por el capital, estas corporaciones, no sólo Wal-Mart, sino los conocidos supermercados como el Todo, Carrefour o La Anónima, compiten pero también negocian, y tiran por el suelo la solidaridad, que poco les importa, la cooperación, que obstaculiza su principal objetivo: ganar más plata; y al vecino, a quién ven como un cliente que deben mantener entre sus góndolas, sin importar mucho más.
“El interés por nosotros; por el vecino, por Bariloche”, es otra de sus estrategias publicitarias. El dinero que aportan a proyectos sociales y organizaciones, no sólo sirve como evasión impositiva, sino que les permite limpiar su nombre y levantar, sin que les arda la cara de vergüenza, el estandarte de “estamos con vos”.
Es una mentira que el hipermercadismo será la solución a la problemática del abastecimiento de alimento. ¿A qué costo del medio ambiente, del país, de nuestras vidas, ofrecen “el mejor precio”?
Como lo han demostrado las experiencias de los Mercados Municipales, las incipientes Ferias, el intercambio de semillas, las cooperativas y asociaciones; la respuesta está de éste lado. Pasa por una Economía Social. Donde se posibilita la reducción de la especulación y el acaparamiento; y se promueve la organización de personas para que sean protagonistas de sus propios proyectos.
Estas acciones colectivas, dan impulso a alternativas que cuestionan los des-valores del mercado: el individualismo, el inmediatismo, el sálvese quién pueda, el consumo voraz.
Nos permiten ver la naturaleza como un bien, no como un recurso; y nos ayudan a pensar en formas de vida que no estén basadas en la destrucción, sino en la creación.
Texto: Miguel Roth / Ilustraciones: Andreína Poli / Publicado previamente en: Revista Al Margen. S. C. De Bariloche. Nº 35.
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(1) Dr. J. Bragulat. La Economía Social: Un camino alternativo. Universidad Nacional Tres de Febrero. Argentina. 2009.
(2) Dr. Bosqued, D. ¿Qué tiene de malo querer ser el mejor? Excelencia Vs. Competencia. Revista digital Otro Criterio. www.fuseres.org.




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