¿Un negocio sin remedio?
El “negocio de las enfermedades”, como se lo ha denominado, parece muy remunerable para los profesionales de la salud, los fabricadores de medicamentos, las aseguradoras y los medios de comunicación, pero no para los ciudadanos, que desconocen la situación.
Uno se los imagina, normalmente, vestidos con sus típicos delantales blancos y sus miradas serias, mientras manipulan tubos de ensayo y sustancias de color. Uno lo compra. Compra la idea de que la Industria Farmacéutica es solamente eso: investigaciones, búsquedas de curas para “las enfermedades que nos apremian”, laboratorios y científicos bonachones con lentes estudiando cómo terminar el dolor.
Pero la realidad es otra.
Las compañías gastan mucho más de lo que nos imaginamos en relaciones públicas, propaganda, publicidad y marketing general, que en desarrollo e investigación.
El “negocio de las enfermedades”, como se lo ha denominado, parece muy remunerable para los profesionales de la salud, los fabricadores de medicamentos, las aseguradoras y los medios de comunicación, pero no para los ciudadanos, que desconocen la situación.
Fue la periodista científica, editora y escritora del New York Times, Lynn Payer, quién por primera vez acuñó el término “disease mongers”. Ella define el término como “tratar de convencer a gente sana de que está enferma, y a gente levemente enferma, de que está muy enferma.”(1) Otra definición que trató de delinear la British Medical Journal, es la más aceptada hoy en día: “ampliar los límites de las enfermedades tratables con el fin de expandir los mercados de quienes venden tratamientos médicos”.(2)
La industria farmacéutica global generó en ingresos durante el año 2001 más de 350 Billones de dólares. No es un dato menor saber que Estados Unidos tiene 6 de las 10 mayores industrias farmacéuticas.
Sin embargo, como afirma el informe “Disease Mongering”, publicado en el sitio web de la Organización Consumers International:
“El problema actual para esta industria radica en que no “aparecen” nuevas enfermedades y se debe seguir creciendo para generar más ingresos. Este escenario es una gran tentación para comenzar a revisar los difusos límites entre un estado normal y un estado patológico. Debido al gran poder de mercado que posee la industria farmacéutica, su gran influencia y el lobby que controla, la industria se halla en una encrucijada crucial y delicada al tratarse de un área como es la salud de las personas y de los valores éticos de la profesión farmacéutica y médica.”
Sin duda alguna el negocio de la salud es un nicho económico de privilegio. Medios de prestigio internacional afirman que la industria farmacéutica está entre las cinco empresas más lucrativas, junto con las finanzas, la tecnología informativa, la industria del software y los seguros. Su potencial se relaciona con una competencia oligopólica basada en la dependencia de los productos, donde 25 empresas controlan cerca del 50% del mercado mundial…
Lo que nos hace pensar seriamente que las “Campañas de información de enfermedades”, corren el serio peligro de caer en intentos por fomentar mercados para nuevos productos, en vez de ser verdaderas muestras de interés primario en la salud, promovidas por instituciones centradas en el bienestar social, y distanciadas del negocio farmacéutico. Hoy en día priman y abundan ejemplos de productos que son creados y aprobados por los departamentos de marketing de grandes empresas del rubro de la salud.
“Una de las vías por las cuales se lleva a cabo disease mongering – intencionadamente o no – es a través de los medios de comunicación. La importancia que tienen los medios en la población es vital al momento de posicionar conceptos de salud, ya que la población se guía de acuerdo a estas fuentes y no a las fuentes primarias de información (publicaciones médicas, congresos médicos, etc.)”
Por otro lado, “actualmente ha comenzado a emerger un nuevo concepto de salud, que es el de la medicación de lo que hasta hace poco se consideraba como el resultado normal de la vida, del envejecimiento, o parte del rango normal de las emociones humanas. Se ha pasado del tratamiento contra enfermedades, a tratar lo que hasta hace poco eran funciones o etapas normales de la vida del hombre.”
Han inundado el mercado las tan promocionadas Lifestyle Drugs; que son consideradas como un mercado en crecimiento ya que tiene la “gran ventaja” (para las empresas) que se pueden autodiagnosticar. Aunque esto simbolice la estimulación de la auto-medicación.
Repetidas publicidades que insisten tratamientos de belleza, dudosas prescripciones de psicoestimulantes para niños –especialmente-, y jóvenes, productos fabricados masivamente que aseguran aportar al organismo vitaminas y minerales indispensables, son sólo algunos ejemplos que generan serias sospechas.
El informe de Consumers International concluye: “El Trafico de Enfermedades (Disease mongering) es visto con ojos cada vez más suspicaces, y esta tendencia ha llevado a plantear acciones para evitarlo. Las compañías farmacéuticas están activamente involucradas e interesadas en patrocinar las definiciones de las enfermedades y promoverlas dentro de la comunidad científica, tanto a quien prescribe como a los consumidores. Esto ha llevado al gran problema, que la construcción social de las enfermedades está siendo reemplazada por la “construcción corporativa” de las enfermedades, las cuales transmiten un conflicto de intereses. …El fenómeno del tráfico enfermedades Disease mongering debe comenzar a verse y revisarse por los organismos gubernamentales alejados de las compañías farmacéuticas, y velar por el fin primordial de la medicina y la farmacia actual: la salud de la población.”
Fuente:
1. Payer, Lynn “Disease-Mongers: How Doctors, Drug Companies, and Insurers are Making You Feel Sick” Wiley, USA, 1994.
2. Moynihan Ray, Heath Iona, Henry David “Selling sickness: The pharmaceutical industry and disease-mongering”. British Medical Journal 324, Abril 2002, pag 886-891.
Equipo Fúseres.




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