Domingo, Mayo 20, 2012

Líquido Elemento

Punto de Ebullición

Agua - BohringerEl agua es el componente esencial para la vida.

También se conoce como el “líquido elemento” y constituye un compuesto químico de propiedades fascinantes.

La mayor parte de nuestro cuerpo es agua. La mayor parte del planeta está cubierta de agua. Los científicos dicen que todas las formas de vida, sin excepción, dependen del agua.
Me llama la atención esa última frase, porque los científicos han acertado –quizá sin querer– con esa afirmación: “Todas las formas de vida dependen del agua”.  Incluida la vida espiritual.

Es evidente que la vida física es condición necesaria para que haya espiritualidad en el hombre. Pero además de eso, también es cierto que la vida espiritual precisa de algo más que ella misma, y en la Biblia se nos revela el agua como fuente de esa vida espiritual.
Tanto es así, que un buen vaso de agua cuando tienes sed constituye la ilustración que Jesús utilizó para explicar sus efectos secundarios en tu vida: Él es refrescante y revitalizante.  Pablo, en 1 Corintios 10:4, incluso hace referencia a Jesús como una “bebida espiritual”. Una bebida espiritual es mucho más que una bebida “energética”, mucho mejor que una bebida “isotónica”. La bebida espiritual que Pablo recomienda sí que “te da alas” y “te repone al instante”. De hecho, te repone para siempre: “el que beba del agua que yo quiero darle no tendrá sed jamás” (Juan 4:14).
El agua, como sabes, puede estar en tres estados: sólido, líquido, y gaseoso.

Una bebida espiritual es mucho más que una bebida “energética”, mucho mejor que una bebida “isotónica”. La bebida espiritual que Pablo recomienda sí que “te da alas” y “te repone al instante”

El punto de ebullición constituye el momento crucial en el que el agua pasa de ser un líquido a ser un gas. Y me gusta pensar en ese concepto clave, como el momento en el que lo material, se vuelve espiritual. Cuando se alcanza ese punto, la fuente de la vida adquiere una nueva dimensión que le concede nuevas propiedades. Las moléculas se liberan, se rompen las “ataduras químicas”, el vapor ocupa todo el espacio sin limitaciones, y el agua evaporada comienza a alzarse hasta el mismísimo cielo.


Suena bien, ¿verdad? Cuando el agua se evapora queda libre. Deja de ser un líquido restringido a un cauce de un río, un lecho marino, o una simple botella. Puede liberarse incluso de la gravedad y ascender sin restricciones cada vez más alto.
Me encanta esta ilustración para hacer referencia a nuestras vidas en manos de Dios. Libres. Sin ataduras. Cada vez más alto. En otra dimensión. Pero para eso es necesario alcanzar un punto crítico. Hay que aumentar la energía cinética de las moléculas, porque sólo cuando hay calor las moléculas se mueven. Y sólo cuando hay suficiente movimiento de moléculas, el agua alcanza su punto de ebullición. Y sólo cuando eso ocurre, el agua –fuente de toda vida– pierde su dimensión material, terrenal, cotidiana; y adquiere su dimensión “espiritual”.
Si te preguntara ¿cuál es el punto de ebullición del agua?, me imagino que dirías 100ºC. Y eso está bien. Pero la respuesta más correcta sería: depende.

Sólo cuando se alcanza un punto crucial, el punto de ebullición, el agua se libera de sus restricciones, asciende y logra esa dimensión gaseosa o “espiritual” que le permite llegar al cielo.


¿Depende? Efectivamente. El punto de ebullición depende de la presión atmosférica. Y en términos prácticos depende de la altura. Cuanto más alto  estás, más fácil de alcanzar es el punto de ebullición. Tanto es así, que en la cima del Everest –por ejemplo–, el punto de ebullición del agua es de 68ºC. Curioso, ¿verdad?
Si te paras a pensar un poco, podemos comenzar a atar cabos. El agua es la fuente de todo tipo de vida, incluida la espiritual. Aun así, el agua tal y como la conocemos, en su estado natural, tiene algunas restricciones físicas y químicas. Sólo cuando se alcanza un punto crucial, el punto de ebullición, el agua se libera de sus restricciones, asciende y logra esa dimensión gaseosa o “espiritual” que le permite llegar al cielo.

 
La aplicación es clara: ¿has alcanzado el punto de ebullición en tu vida? ¿Te gustaría elevarte sobre lo cotidiano en una dimensión espiritual?
Más allá de metáforas e ilustraciones: ¿Quieres ser libre?
Pues hace falta energía. Hace falta movimiento. Hace falta calor. No puedes estar frío. Ni siquiera tibio. Tienes que subir la temperatura de tu vida. Y eso sólo se consigue al calor del “fuego del espíritu” cada mañana y cada noche. Sólo con la energía que Dios te da, tu vida material puede tornarse espiritual.
Y recuerda: Como en la vida misma, cuanto más alto subas, más fácil será.
Cuando llegue ese momento crucial, serás capaz de tocar el cielo.

Por Dani Bosqued | Equipo Fuseres.Org

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Foto Agua: Böhringer Friedrich, bajo licencia Creative Commons

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