La brutalidad del Comentario
Entre los millones de personas que usan Internet, existe una nueva tendencia que va en aumento.
Una mala costumbre que pone al descubierto a los usuarios que navegan y la calidad de información que circula. Me refiero a los comentarios que se publican, segundo a segundo, tanto en foros, redes sociales y canales, como en cada rincón que lo permita...
No hace falta sumar ejemplos. Todos hemos leído palabras desubicadas, subidas de tono, fuera de tema o sin sentido. Peor aún, muy probablemente tomamos parte en diálogos que, si se destacaron por algo, era por su trivialidad.
Diferentes especialistas concuerdan que el tinte democrático o “de apertura” que aparenta caracterizar a Internet no es sino una ilusión.
Un liberalismo.
Internet es una herramienta. Una posibilidad. Y como tal, genera el espacio propicio para la proliferación de cosas buenas y de muchas más realmente nocivas.
Internet es una herramienta. Una posibilidad. Y como tal, genera el espacio propicio para la proliferación de cosas buenas y de muchas más realmente nocivas.
Es poco lo que Internet ha hecho en cuanto a la educación. Lamentablemente me toca confirmarlo en las aulas, a diario.
Por que entre otras cosas, está claro que se confunden los términos: Una cosa es estar conectado. Otra, muy diferente es estar Comunicado.
Las nuevas tecnologías podrán colaborar en la alfabetización, siempre y cuando estén cimentadas en valores positivos y fomenten lecturas crítico-constructivas; que disten de lo banal, al tiempo que favorezcan una escritura social mas justa, menos violenta y mediocre.
El análisis de los comentarios evidencia no solo superficialidad. Muchos denotan fuertes rasgos discriminatorios; xenofobia, envidia, odio y perversión; así como fallas argumentativas que confirman la mediocridad y violencia de lo escrito.
Anónimos y usuarios recurren con total normalidad al insulto (salida fácil para razonamientos pobres), y caen fácilmente en falacias Ad-Hominem (cuando se desvía la discusión a terrenos distintos al hecho en cuestión).
El análisis de los comentarios evidencia no solo superficialidad. Muchos denotan fuertes rasgos discriminatorios; xenofobia, envidia, odio y perversión; así como fallas argumentativas que confirman la mediocridad y violencia de lo escrito. En éste último, florecen los calificativos agresivos, esgrimidos para correrse del hecho debatido.
Se intenta desacreditar a la otra persona con cuestionamientos hacia su personalidad, raza, religión, sexo o cualquier otra cualidad.
Es llamativo ver la rapidez con la que aumenta el número de comentarios cuando abundan las falacias y las agresiones. Por lo visto, la poca inteligencia y la fragilidad de los razonamientos, son invitaciones muy difíciles de rechazar. (¿Contagio?)
Lo cierto es que las opiniones en cuestión están lejos de poder considerarse diálogos.
Allí radica otro de los aspectos controversiales y desfavorables del asunto:
Las opiniones no son verdades absolutas, sino conocimientos inseguros, que están sujetos al error. Sin embargo, al postear, en el Chat o en cualquier espacio disponible, los comentarios no buscan compartir un conocimiento o un punto de vista distinto y ponerlo a disposición de los demás, sino que se estiman como verdades incondicionales al tiempo que detractan al otro; denigran; buscan dejar en ridículo el planteo ajeno; descalificarlo. Es parte del individualismo característico del paradigma actual.
La no-contribución sigue siendo una opción. También la denuncia.
El boicot a la estupidez es nuestra responsabilidad. Como humanos somos seres dialógicos. Nos constituimos como personas en la práctica diaria del contacto con el otro. Nuestro pensamiento es, esencialmente, un diálogo.
Cuando se reacciona violentando a otro individuo y/o sus ideas, en lugar de generar una verdadera comunicación, en definitiva nos animalizamos.
Los “Términos de uso” establecidos por algunos sitios buscan prevenir los ad-hominem y el insulto u otras agresiones, pero parece ser sumamente complicado impedir que cese el círculo de planteos bajos y/o vacíos.
No obstante, es posible resistir: La no-contribución sigue siendo una opción. También la denuncia.
El boicot a la estupidez es nuestra responsabilidad.
Por Migue Roth | Fuseres.Org