Estaba de paseo en Buenos Aires cuando me topé de casualidad (sic) con un recital.
Bueno…
En realidad me enteré por YouTube: A 20 cuadras se transmitiría una movida solidaria, online, con músicos reconocidos en vivo.
Así que, sin dudarlo, tomé mi cámara y salí hacia el lugar.
Desde lejos podía escuchar algunas melodías que se colaban entre los árboles, por la vereda y directo en mis oídos.
Reconocí el tema. Era de León.
Llegué caminando. Las calles no estaban cortadas y los autos continuaban su rumbo normalmente. El lugar: digamos que chico –al menos para resguardar músicos del calibre de Gieco o Calamaro-.Había al menos unas 100 personas.Los músicos buscaban aportar lo suyo en apoyo a un proyecto que se mantiene a pulmón. Intenté hacerme un espacio para ver mejor, al tiempo que pensaba en aquello que tanto había llamado mi atención a penas pisé el lugar: Una cara.Una de esas caras que transmiten, sin esfuerzo, sabiduría callejera. Una de esas caras que cuentan historias con sólo verlas.
Él estaba del otro lado de la calle, apoyado contra un auto, escuchando desde lejos, sin poder ver debido a la gente que se amontonaba en la vereda.
Después de varios canciones, los músicos finalizaron su presentación. León se fue. Javier dio una entrevista, así que aproveché a hacer algunas fotos más.
Miré alrededor hasta que lo ví nuevamente. Decidí acercarme y le pregunté si podría retratarlo.
- ¿con que fin?
-…porque esto se hace por ustedes y… y quería sacarte una foto- me animé a resumir.
Conversamos sobre el Hogar. Sobre lo que implicaba morar ahí.
Me contó que era la casa de una viejita que antes de morir la donó para que gente en situación de calle pudiera bañarse, comer… sentirse mejor.
-Era una viejita como aquellas que suelen estar solas. Que los demás olvidan con facilidad.
A nosotros nos cambió la vida…-

- ¿hace mucho que estas en la calle?
- veinte años.
- ¿Y por qué? ¿Porque vos querías?, pregunté ingenuamente.
- elección mía, sí.
Y me relató su historia. La historia detrás de su rostro era más triste de lo que supuse.
…un padre que trabajaba, tomaba y se drogaba. Una familia que sufría.
-Y me di cuenta que era mi culpa- continuó.
Por eso estoy acá. Yo les hacía mal ¿sabes?- se sincera. Era mejor sacar la manzana podrida a que se pudriera todo el cajón, así que me fui. Y ahora estoy en la calle.
Me conozco todo por aca. Las iglesias que dan comida, ropa y los lugares donde puedo dormir.
Obvio que hay gente mala en la calle…
- como en todos lados-, retruco.
- como en todos lados - afirma enseguida- acá cuando consigo algo, si lo necesito me lo quedo. Pero lo que me sobra se lo doy a otro que le falte. En la calle es así. Si otro no tiene, compartís. Mañana te lo puede devolver o no.
Se tiene que ir.
Le saco la foto y me río porque se puso a hacer payasadas en el medio de la calle.
Pregunta por mi nombre. Él se llama Alejandro.
Dice que vive entre Juramento y vuelta de obligado. Si pasan algún día por allí, envíenle saludos. Me dijo que había que preguntar por el viejo Ale. Que por esa zona todos lo conocían así.
Me voy a dormir a casa.
¿A dónde va Alejandro? No se.
Pero se va riendo.
Texto y Fotos: Cristian Rampogna | Equipo Fuseres.Org